Este es el reto musical que el departamento de Pastoral del Colegio Santa Ana de Sevilla me planteó hace menos de un mes: componer un tema musical, basado en percusión y voces, para que fuera interpretado por los más de 1400 alumnos de este Colegio como actividad en la conmemoración del Día Internacional de la Paz, el pasado 30 de enero. Y dirigir a todos los alumnos durante la interpretación. Casi nada.

Pero como suele pasarme con casi todos los retos, me pareció lo suficiente estimulante como para aceptarlo, aparte del hecho de poder vivir una experiencia única trabajando con el equipo docente y los alumnos del Colegio Santa Ana.

El reto comenzaba con la propia creación del tema musical: tenía que tener 5 partes de percusión y dos vocales, que se repartirían entre los alumnos de los distintos ciclos formativos del centro: Infantil y Aula Específica,  I, II y III Ciclo de Primaria, ESO y Bachillerato. Además de crear estructuras rítmicas y melódicas que resultaran asequibles para los niños de las distintas edades, la unión de todas ellas era lo que realmente daba forma al tema musical. Para dificultar un poco más las cosas, decidimos que las partes de percusión se ejecutaran con el propio cuerpo o con elementos que los niños tuvieran en clase (o pudieran traer de casa con facilidad).

Tras una mañana de trabajo en el estudio, el tema estaba compuesto. Ahora venía la parte realmente apasionante: el ensayo con los alumnos del colegio.

Primero tuve una sesión con los profesores de los distintos ciclos para explicarles cómo estaba estructurado el tema, qué parte le correspondía a cada clase y también para darles algunas ideas acerca de cómo ensayar con los alumnos. Fue una divertida mañana yendo de un lado para otro cargado con un reproductor de CD portátil, claves, cuadernos… Eso fue el día 17 de enero.

A la semana siguiente, el día 24, se organizó un ensayo conjunto en el salón de actos del colegio. Como no cabían a la vez todos los alumnos, fueron pasando en grupos de 3 ciclos, con la idea de poder ensayar por un lado con todas las clases de un mismo ciclo, que tocaban todos el mismo patrón rítmico, y después combinar diferentes patrones rítmicos y melódicos a la vez. A pesar del poco tiempo de ensayo que la mayoría de alumnos había tenido en sus clases, el resultado fue muy bueno. Es emocionante ver a tantos niños tan motivados, tan entregados a una actividad colectiva, sin competitividad, todos a una.

La gran pregunta que, desde ese día y hasta el día 30, se repetía una y otra vez en mi cabeza, era: ¿sería capaz de hacer que todos los alumnos del colegio pudieran interpretar su parte sin equivocarse (era muy fácil dejarse llevar por el patrón rítmico del grupo de al lado) y manteniendo un tempo constante? La idea era que, poco a poco, fueran entrando progresivamente los distintos elementos rítmicos, hasta llegar finalmente a las dos partes vocales. El reto era conseguir que todos los alumnos, desde los pequeños de 3 años de Educación Infantil, hasta los mayores de 17 años de Bachillerato, tocaran juntos.

Llegó el día. Como reconocí delante de todos los alumnos, estaba muy muy nervioso. La imagen de esos más de 1400 niños, distribuidos por ciclos en el patio del colegio, esperando mis indicaciones, era sobrecogedora. Además, sólo habíamos realizado el ensayo de la semana anterior en el salón de actos.

Hicimos una prueba, que no salió mal del todo, pero había algunos grupos que no conseguían mantener su ritmo. Sin embargo, como les dije a todos los alumnos justo antes del momento de la “interpretación oficial” de la música, lo que importaba no era tanto el resultado, sino el hecho de que TODOS los niños del colegio estaban participando en una actividad común; importaba el esfuerzo que cada uno había dedicado para llegar hasta ese momento, maestros, profesores y alumnos, e importaba sobre todo que esa música saliera de dentro de cada uno para llegar, simbólicamente, a todos aquellos que no podían disfrutar de una vida en paz.

El resultado fue impresionante. Sé que no soy nada objetivo en esta valoración, pero el tema sonó a tempo y, sobre todo, con una energía enooooooorme!!! La entrega de todos fue total. “Señorita, me duele el zapato” dijo un pequeño de Educación Infantil, cansado de golpear tan fuerte en el suelo con el pie. Al final supo a poco y hubo hasta un bis, con final coral incluido en el que todo el colegio cantó la melodía de la canción.

Desde aquí doy las gracias a todo el equipo directivo y docente del Colegio Santa Ana de Sevilla por su colaboración y su trabajo, y a los 1400 alumnos del colegio por hacerme vivir una de las experiencias personales más bonitas y plenas. GRACIAS.

A continuación, el vídeo del evento.

 


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